sábado, 22 de octubre de 2016

DESCOLONIZACIÓN Y EDUCACIÓN SUPERIOR


Prof. Pio Adolfo Alcon Apaza
La descolonización es una palabra que expresa un contenido de carácter político e ideológico dentro la vivencia de una sociedad, que en su conciencia tiene asimilado la historia de dominación por otra cultura ajena al que pertenece. Tal es el caso del espacio geográfico del Abya Yaya, que propiamente desde 1532 fue impuesto con otra estructura política correspondiente a la cultura occidental europea. Por lo tanto, la cultura dominada, sometida, muestra  una acción revolucionaria y procede con el despoje de la cultura dominante en todos los ámbitos, bajo el principio de la descolonización política, económica y cultural. 
La concepción de la descolonización es percibida de formas diferentes, de acuerdo al carácter, el sentimiento, la ideología, el pensamiento que tienen los componentes de una sociedad. Así por ejemplo, algunos conciben como el proceso de volver a las costumbres, formas de vestir, de alimentarse y toda forma de expresión cultural ancestral practicada antes de la invasión española. Por lo mismo afirman que la descolonización es retroceder frente a los avances científico – tecnológicos de los países desarrollados.
Sin embargo, de acuerdo a los diferentes autores,  en síntesis, la descolonización es el proceso de liberación, es un proceso histórico y político que termina en la independencia, donde se liquida el sistema colonial al que estaban sometidos y se establece una nueva realidad social cultura y política en el territorio colonizado. Tal acción es producto de una situación revolucionaria.
En el caso de Bolivia, la toma de conciencia del colonizado, tomando en cuenta el periodo colonial y el periodo republicano, se emprendió desde la toma de conciencia como colonizado frente a la acción del colonizador, que corresponde a partir de la explotación, el sometimiento al trabajo forzado, el avasallamiento de lugares sagrados con la imposición de una religión ajena al nuestro y estigmatización de personas sin alma (semi-humanos).
La contundencia con la que fuimos sometidos durante más de III siglos, fue tiempo suficiente para los colonizados en su mayoría concebir el estigma interior de inferioridad, de que el blanco es preparado, tiene conocimiento, en cambio nuestro idioma, nuestros productos alimenticios, nuestra vestimenta y toda nuestra expresión cultural es totalmente inferior. Así nacimos a la vida republicana, cambiando de nombre de periodo colonial a periodo republicano donde los criollos (status de los invasores) hijos, nietos de los españoles continuaron con la línea de sometimiento cultural bajo su estructura política.
Esta estigmatización, de indio sinónimo de pobre, ignorante e inculto, en pleno siglo XX es fuertemente utilizado por el feudalismo de las décadas 20, 30 y 40, por lo tanto, para el indio está terminantemente prohibido el acceso a la educación regular, porque la clase dominante impone mediante castigos físicos y psicológicos de que el indio no tiene ninguna capacidad de aprender la lectura y la escritura
Pero, posteriormente como consecuencia de la Guerra del Chaco, se levanta llamas de rebelión indígena, en las diferentes haciendas en reclamo de tener acceso a la educación. Estos levantamientos terminan en la revolución del 52 que fueron inevitables. Sin embargo la clase dominante firmes en seguir con el poder, estratégicamente definen conciliar con el indígena rebelde, por lo tanto, ya no se le dice indios, sino que sustituyen con el sustantivo de campesinos, les otorgan el derecho a elegir al gobernante, hacen uso estratégico del nombre Revolución Agraria, donde supuestamente devuelven las tierras a los verdaderos dueños, con el principio la tierra es de quien la trabaja.
Estas acciones estratégicas de los apoderados mitigan las acciones del indígena rebelde, porque en su estructura mental está contundentemente empotrado de que el indio jamás puede ni debe asumir el mando del país. Sin embargo, el proceso histórico define al indio, al campesino como indestructibles, a pesar de las estigmatizaciones denigrantes, nace y renace constantemente el indio rebelde, el indio reaccionario que define con diferentes acciones el destino del país. El indio sueña, imagina, prospera dignamente a pesar del menosprecio, la humillación los vejámenes a las que fueron sometidos en la urbes en pleno siglo XXI, con paciencia heredada de sus ancestros, con el equilibrio puesto entre su razón y el corazón de forma procesual va logrando el respeto a su cultura.
Esta estructura política impuesta y practicada en  nuestro mundo andino, desde la fundación de la república, la historia nos presenta el indio relegado en todos los ámbitos, economía, política, salud, educación. En cuanto a la educación específicamente superior, concebimos en resumen que este nivel fue solo para una casta privilegiada, la elite gobernante.
Entonces vemos que las universidades y otras casas superiores de estudio estaban creadas para el invasor. En las décadas de los 60, 70, 80, el ingreso las universidades eran totalmente restringidos para la clase indígena campesina. El estigma de que el indio no contamine estos ambientes de formación superior, desde las autoridades superiores hasta los estudiantes acribillaban a aquel que por alguna razón pudo conseguir su acceso con adjetivos, acciones humillantes, hasta que lograban expulsarlo, acto que les era honroso para los universitarios de esa época y la casta dominante, a pesar de que en la carta magna reza que la educación era derecho de todo boliviano.
Estas acciones de exclusión eran más drásticas en las instituciones castrenses, pero la constante lucha de la clase proletariado, arranca la admisión a estas unidades de formación, sin embargo, la habilidad utilizada de los dominantes de ninguna manera permite la mezcla con  la casta inferior e indígena, a esto se debe la creación de la clase oficial para ricos y sub-oficial para los indios. En el sistema universitario, la Universidad Humanística Científica fue estructurada para los ricos y la Universidad Técnica para los pobres. La Escuela Normal Urbana para que eduquen a los ricos y la Escuela Normal Rural para los indios.
Estas brechas creadas por la educación superior, de ninguna manera estaban dirigidas con sentido humanitario, de integración entre todos los bolivianos, de surgir como país, de desarrollarse en los ámbitos científicos y tecnológicos, puesto que los gobernantes bolivianos estaban sometidos bajo la línea del neoliberalismo, donde al capitalismo era el paradigma maestra de sometimiento y de servidumbre.
Bajo esta línea, las universidades, institutos, unidades castrenses eran aulas de adoctrinamiento capitalista, donde forjaban profesionales con poco sentido humanitario, con el estigma de que son superiores a los demás. Estas casas superiores de formación profesional, impartían conocimientos fuera de la realidad, no respondían a los problemas y problemáticas del pueblo y de su país. Por lo tanto, al igual que la educación regular, la educación superior fue informante de conocimientos descontextualizados, muy pocos docentes identificados con su país impulsaron la investigación sería, el carácter productivo en favor de la sociedad boliviana.
De acuerdo a algunos artículos difundidos por algunos medios escritos, sobre la educación superior, comprendemos de que la  formación de los profesionales es de baja calidad, consecuentemente por sostener una acción aislada de su entorno. Si bien la ley 07 Avelino Siñani Elizardo Pérez está delineado bajo los principios de la educación comunitaria, liberadora, antimperialista, democrática, productiva… para lograr el Vivir Bien, podemos visualizar como sociedad, que la admisión a la educación superior pública es una pantalla burocrática, los padrinazgos, la corrupción, la rosca administrativa y los pocos cupos, no permiten una definición adecuada y selección de acuerdo a las vocaciones del postulante. Por lo tanto la educación superior de forma subjetiva se va convirtiendo en un ente de formación profesional asistido con ciertas categorías insertadas como la corrupción, indisciplina y falta de seriedad.
De la misma forma, el docente responsable de la formación profesional, aún mantiene en su práctica pocas investigaciones e innovaciones de acuerdo a la característica del siglo XXI. En el caso de las universidades, apreciamos que ellas son la guía de la incursión del avance científico, de orientación y lineamiento del entorno de su pueblo, lo que significa que el servicio de cátedra es la punta que guía estas trasformaciones en base a la problemática de la sociedad. Sin embargo es importante, ponderar el trabajo de muchos catedráticos que en esta última década han logrado incursionar a los nuevos profesionales con servicio de vocación a la sociedad, sin clasificaciones de ninguna índole como reza nuestra “Ley Contra el Racismo Y toda Forma de Discriminación”. En las diferentes esferas vemos a varios profesionales jóvenes muy responsables, amables y dinámicos en su profesión.
En síntesis, la descolonización ideológica, política, económica y cultural está en pleno proceso, de forma simultanea nuestra sociedad va asimilando aunque hay muestras definidas de resistencia de reconocernos como bolivianos, como seres humanos con los mismos derechos que nuestros prójimos, sin embargo ya no es tan visible ese odio entre las clases sociales, el menosprecio del que sabe más entre el memos, por cuanto somos iguales como seres humanos.
La educación superior también está en pleno desafío de liderar y orientar a la comunidad boliviana hacia el ámbito de la investigación el avance científico y tecnológico logrado por la humanidad.

LA IDIOSINCRACIA DE LAS TIERRAS BAJAS: LA MISIÓN



Prof. Pio Adolfo Alcon A.
La forma de actuar de los hermanos de las tierras bajas, actualmente corresponde a la sincronía entre la cultura occidental, traídos y puestos en práctica por la Misión Jesuita con las culturas de los pueblos de la tierras Bajas. La forma de conciliar con las misiones, tuvieron fuertes afrontes dentro los grupos y las poblaciones indígenas de la región, como consecuencia de una conquista sometida a la violencia, tráfico de personas, genocidios, sin considerar el sentimiento de la población indígena.
El rechazo de los diferentes grupos culturales era un devenir precisamente porque los componentes de las misiones eran similares a los invasores que interrumpieron, destruyeron y dañaron su forma de vida. Sin embargo los misioneros efectuaron una invasión y conquista pacífica, aprendiendo su lengua de los aborígenes y enseñando el suyo, por lo que esta relación fue el sendero de toma de confianza entre estas dos culturas diferentes entre sí, es decir, que la misión tenía en claro que entablar una buena comunicación era la forma de llegar a los nativos de las diferentes culturas para transmitir al religión cristiana de paz, amor y tranquilidad.
En la película “la misión” nos visualiza con claridad la acción de padre jesuita que para entrar en contacto el grupo de aborígenes, prácticamente expone su integridad física, esta exposición, para los nativos fue una muestra de ser contrario a los genocidas a las que muchos de sus hermanos fueron sometidos. El sujeto jesuita, muestra respeto por ellos e inicia un  proceso de colonización pacífica, apoyado por un cazador de esclavos que habiéndose integrado a los nativos cambia de actitud y se convierte en un defensor de los nativos cuando son despojados de sus tierras por los colonizadores.
La idiosincrasia de las culturas de las tierras bajas, durante las décadas de convivencia con los jesuitas en las diferentes partes de nuestra región Andina, cambia paulatinamente, se introduce en primera instancia la religión cristiana, y por el carisma, las técnicas de la producción agrícola, la crianza de los animales, la estructura de organización, la construcción de viviendas sometieron pacíficamente a los aborígenes, hecho que tuvo como resultado la mezcla, la sincronía de la expresión cultural. Es más, estos grupos culturales ofrecían un gran respeto a los jesuitas, sentían un gran afecto a la religión cristiana, por lo tanto los líderes de las comunidades estaban encabezados por lo caciques, en otros casos por las capitanías.
Nuestras etneas antes de la invasión española, en su generalidad, eran animistas, tenían gran respeto a los animales, a los árboles, a los ríos, así mismo al Sol y la Luna. Expresar mediante una súplica, una ofrenda para cazar, pescar, o talar un árbol fue una manifestación de respeto a la Madre Tierra sin exagerar ni mostrar la ambición de extraer su riqueza natural tal  como sucede en la actualidad. El aborigen de ese entonces, estaba consciente de buscar la alimentación siempre en respeto a los animales y el suelo, lo contrario era despertar la ira de los Dioses encarnados en los animales, los ríos, cerros, con fuertes castigos que no simplemente soportaba el infractor, sino toda la comunidad. De esta forma para su alimentación cazaban, pescaban lo necesario, cultivaban productos rotando el lugar de cultivo, pero siempre solicitando realizar la actividad a las fuerzas divinas.
Actualmente en las tierras bajas podemos observar una fe singular hacia la religión cristiana, muestran una devoción a los diferentes Santos, relacionando con la fiesta local. Sin embargo estas culturas guardan respeto por la naturaleza, a pesar  que fueron despojados de sus tierras, en plena época republicana no hace mucho en la primera mitad del siglo XX.
En consecuencia las tierras bajas muestran una conducta hospitalaria, practican la religión cristiana. Dentro de su estructura política la mayoría está sometida en la línea occidental, cuentan con caciques como líderes de su comunidad, conservan el respeto por la Madre Tierra.