Prof. Pio Adolfo
Alcon Apaza
La
descolonización es una palabra que expresa un contenido de carácter político e
ideológico dentro la vivencia de una sociedad, que en su conciencia tiene
asimilado la historia de dominación por otra cultura ajena al que pertenece.
Tal es el caso del espacio geográfico del Abya Yaya, que propiamente desde 1532
fue impuesto con otra estructura política correspondiente a la cultura occidental
europea. Por lo tanto, la cultura dominada, sometida, muestra una acción revolucionaria y procede con el
despoje de la cultura dominante en todos los ámbitos, bajo el principio de la
descolonización política, económica y cultural.
La
concepción de la descolonización es percibida de formas diferentes, de acuerdo
al carácter, el sentimiento, la ideología, el pensamiento que tienen los
componentes de una sociedad. Así por ejemplo, algunos conciben como el proceso
de volver a las costumbres, formas de vestir, de alimentarse y toda forma de
expresión cultural ancestral practicada antes de la invasión española. Por lo
mismo afirman que la descolonización es retroceder frente a los avances
científico – tecnológicos de los países desarrollados.
Sin
embargo, de acuerdo a los diferentes autores,
en síntesis, la descolonización es el proceso de liberación, es un
proceso histórico y político que termina en la independencia, donde se liquida
el sistema colonial al que estaban sometidos y se establece una nueva realidad
social cultura y política en el territorio colonizado. Tal acción es producto
de una situación revolucionaria.
En
el caso de Bolivia, la toma de conciencia del colonizado, tomando en cuenta el
periodo colonial y el periodo republicano, se emprendió desde la toma de
conciencia como colonizado frente a la acción del colonizador, que corresponde
a partir de la explotación, el sometimiento al trabajo forzado, el
avasallamiento de lugares sagrados con la imposición de una religión ajena al
nuestro y estigmatización de personas sin alma (semi-humanos).
La
contundencia con la que fuimos sometidos durante más de III siglos, fue tiempo
suficiente para los colonizados en su mayoría concebir el estigma interior de
inferioridad, de que el blanco es preparado, tiene conocimiento, en cambio
nuestro idioma, nuestros productos alimenticios, nuestra vestimenta y toda
nuestra expresión cultural es totalmente inferior. Así nacimos a la vida
republicana, cambiando de nombre de periodo colonial a periodo republicano
donde los criollos (status de los invasores) hijos, nietos de los españoles
continuaron con la línea de sometimiento cultural bajo su estructura política.
Esta
estigmatización, de indio sinónimo de pobre, ignorante e inculto, en pleno
siglo XX es fuertemente utilizado por el feudalismo de las décadas 20, 30 y 40,
por lo tanto, para el indio está terminantemente prohibido el acceso a la
educación regular, porque la clase dominante impone mediante castigos físicos y
psicológicos de que el indio no tiene ninguna capacidad de aprender la lectura
y la escritura
Pero,
posteriormente como consecuencia de la Guerra del Chaco, se levanta llamas de
rebelión indígena, en las diferentes haciendas en reclamo de tener acceso a la
educación. Estos levantamientos terminan en la revolución del 52 que fueron
inevitables. Sin embargo la clase dominante firmes en seguir con el poder,
estratégicamente definen conciliar con el indígena rebelde, por lo tanto, ya no
se le dice indios, sino que sustituyen con el sustantivo de campesinos, les
otorgan el derecho a elegir al gobernante, hacen uso estratégico del nombre
Revolución Agraria, donde supuestamente devuelven las tierras a los verdaderos
dueños, con el principio la tierra es de quien la trabaja.
Estas
acciones estratégicas de los apoderados mitigan las acciones del indígena
rebelde, porque en su estructura mental está contundentemente empotrado de que
el indio jamás puede ni debe asumir el mando del país. Sin embargo, el proceso
histórico define al indio, al campesino como indestructibles, a pesar de las
estigmatizaciones denigrantes, nace y renace constantemente el indio rebelde,
el indio reaccionario que define con diferentes acciones el destino del país.
El indio sueña, imagina, prospera dignamente a pesar del menosprecio, la
humillación los vejámenes a las que fueron sometidos en la urbes en pleno siglo
XXI, con paciencia heredada de sus ancestros, con el equilibrio puesto entre su
razón y el corazón de forma procesual va logrando el respeto a su cultura.
Esta
estructura política impuesta y practicada en
nuestro mundo andino, desde la fundación de la república, la historia
nos presenta el indio relegado en todos los ámbitos, economía, política, salud,
educación. En cuanto a la educación específicamente superior, concebimos en
resumen que este nivel fue solo para una casta privilegiada, la elite
gobernante.
Entonces
vemos que las universidades y otras casas superiores de estudio estaban creadas
para el invasor. En las décadas de los 60, 70, 80, el ingreso las universidades
eran totalmente restringidos para la clase indígena campesina. El estigma de
que el indio no contamine estos ambientes de formación superior, desde las
autoridades superiores hasta los estudiantes acribillaban a aquel que por
alguna razón pudo conseguir su acceso con adjetivos, acciones humillantes,
hasta que lograban expulsarlo, acto que les era honroso para los universitarios
de esa época y la casta dominante, a pesar de que en la carta magna reza que la
educación era derecho de todo boliviano.
Estas
acciones de exclusión eran más drásticas en las instituciones castrenses, pero
la constante lucha de la clase proletariado, arranca la admisión a estas
unidades de formación, sin embargo, la habilidad utilizada de los dominantes de
ninguna manera permite la mezcla con la
casta inferior e indígena, a esto se debe la creación de la clase oficial para
ricos y sub-oficial para los indios. En el sistema universitario, la
Universidad Humanística Científica fue estructurada para los ricos y la
Universidad Técnica para los pobres. La Escuela Normal Urbana para que eduquen
a los ricos y la Escuela Normal Rural para los indios.
Estas
brechas creadas por la educación superior, de ninguna manera estaban dirigidas
con sentido humanitario, de integración entre todos los bolivianos, de surgir
como país, de desarrollarse en los ámbitos científicos y tecnológicos, puesto
que los gobernantes bolivianos estaban sometidos bajo la línea del
neoliberalismo, donde al capitalismo era el paradigma maestra de sometimiento y
de servidumbre.
Bajo
esta línea, las universidades, institutos, unidades castrenses eran aulas de
adoctrinamiento capitalista, donde forjaban profesionales con poco sentido
humanitario, con el estigma de que son superiores a los demás. Estas casas
superiores de formación profesional, impartían conocimientos fuera de la
realidad, no respondían a los problemas y problemáticas del pueblo y de su
país. Por lo tanto, al igual que la educación regular, la educación superior
fue informante de conocimientos descontextualizados, muy pocos docentes
identificados con su país impulsaron la investigación sería, el carácter
productivo en favor de la sociedad boliviana.
De
acuerdo a algunos artículos difundidos por algunos medios escritos, sobre la
educación superior, comprendemos de que la
formación de los profesionales es de baja calidad, consecuentemente por
sostener una acción aislada de su entorno. Si bien la ley 07 Avelino Siñani
Elizardo Pérez está delineado bajo los principios de la educación comunitaria,
liberadora, antimperialista, democrática, productiva… para lograr el Vivir
Bien, podemos visualizar como sociedad, que la admisión a la educación superior
pública es una pantalla burocrática, los padrinazgos, la corrupción, la rosca
administrativa y los pocos cupos, no permiten una definición adecuada y
selección de acuerdo a las vocaciones del postulante. Por lo tanto la educación
superior de forma subjetiva se va convirtiendo en un ente de formación profesional
asistido con ciertas categorías insertadas como la corrupción, indisciplina y
falta de seriedad.
De
la misma forma, el docente responsable de la formación profesional, aún
mantiene en su práctica pocas investigaciones e innovaciones de acuerdo a la
característica del siglo XXI. En el caso de las universidades, apreciamos que
ellas son la guía de la incursión del avance científico, de orientación y
lineamiento del entorno de su pueblo, lo que significa que el servicio de
cátedra es la punta que guía estas trasformaciones en base a la problemática de
la sociedad. Sin embargo es importante, ponderar el trabajo de muchos
catedráticos que en esta última década han logrado incursionar a los nuevos
profesionales con servicio de vocación a la sociedad, sin clasificaciones de
ninguna índole como reza nuestra “Ley Contra el Racismo Y toda Forma de
Discriminación”. En las diferentes esferas vemos a varios profesionales jóvenes
muy responsables, amables y dinámicos en su profesión.
En
síntesis, la descolonización ideológica, política, económica y cultural está en
pleno proceso, de forma simultanea nuestra sociedad va asimilando aunque hay
muestras definidas de resistencia de reconocernos como bolivianos, como seres
humanos con los mismos derechos que nuestros prójimos, sin embargo ya no es tan
visible ese odio entre las clases sociales, el menosprecio del que sabe más
entre el memos, por cuanto somos iguales como seres humanos.
La
educación superior también está en pleno desafío de liderar y orientar a la
comunidad boliviana hacia el ámbito de la investigación el avance científico y
tecnológico logrado por la humanidad.